Soy Edisa Lozada
Hagamos que trabajar todos los días valga la pena.
Lo viví.
Diez años en corporaciones internacionales (petróleo y gas, finanzas, software) trabajando con personas de más de veinte países me dejaron algo claro que ningún manual enseña: la energía con la que alguien llega al trabajo lo cambia todo.
Cambia la calidad de las ideas.
Cambia cómo se enfrentan los retos.
Cambia la dinámica del equipo.
Lo vi en equipos con personas de Colombia, España, Brasil, Estados Unidos y Camerún.
Las culturas cambian.
Los estilos cambian.
Los matices son distintos.
Pero hay algo que no cambia: todos queremos sentir que lo que hacemos tiene sentido.
Y cuando ese sentido se pierde, el clima se resiente.
El rendimiento baja.
La motivación se desgasta en silencio.
Cuando asumí roles de liderazgo, esa realidad se volvió todavía más evidente.
No bastaba con cumplir objetivos. Había que cuidar algo más profundo: la claridad, la confianza y la dirección interna de las personas.
Un equipo puede tener talento, presupuesto y estrategia y, aun así, sentirse desorientado.
En paralelo a mi trabajo corporativo escribí un libro: Buscando los fragmentos de mi padre. Fue un ejercicio íntimo, honesto e incómodo por momentos.
Y al leer mi propia historia con distancia entendí algo que me atravesó.
Durante años había puesto una cantidad enorme de energía en metas que no necesariamente alimentaban mi vida.
Desde fuera todo parecía correcto. Carrera sólida. Proyección. Estabilidad.
Por dentro, dudas, cansancio extremo.
Ver mi recorrido en papel me permitió comprender por qué algunas personas fluyen y otras, aun siendo capaces, terminan agotando su potencial en rutinas que las marchitan.
Yo había sido una de ellas.
Esa comprensión personal se cruzó con lo que observaba en mis equipos.
Profesionales brillantes que, en momentos de transición, reestructuración o incertidumbre del mercado, empezaban a perder foco.
Líderes bien intencionados que sentían que algo no estaba funcionando, pero no sabían exactamente qué ajustar.
Ahí empezó a tomar forma mi trabajo actual.
Primero, como una necesidad práctica: encontrar herramientas reales para acompañar mejor a las personas que lideraba.
Después, como una vocación clara: acompañar a personas y colectivos a recuperar impulso, claridad y confianza en momentos de cambio.
Porque el cambio llega, queramos o no.
A veces es interno: aburrimiento, sensación de estancamiento, dudas sobre el siguiente paso profesional.
A veces es externo: una empresa que se transforma, un mercado que da un vuelco, una reestructuración que obliga a redefinir roles.
En ambos casos, la pregunta es la misma:
¿Ahora qué?
De esa búsqueda nació lo que llamo El Camino de la Semilla.
No es una receta rápida.
No es motivación vacía.
No es un discurso inspirador que dura una semana y se diluye.
Es un enfoque práctico y humano que parte de algo muy simple: si las condiciones son adecuadas, el talento florece.
El proceso comienza con un diagnóstico claro. Conversaciones honestas. Preguntas que incomodan un poco, porque abren posibilidades nuevas.
Después vienen prácticas concretas. Ajustes en la forma de tomar decisiones. Clarificación de roles cuando se trata de equipos. Rediseño de dinámicas cuando hay fricciones invisibles. Espacios de reflexión individual cuando la persona necesita reencontrarse con su dirección.
Trabajo con personas en procesos de 1, 3 o 6 sesiones. A veces basta una conversación profunda para ordenar ideas. Otras veces se necesita un recorrido más largo para tomar decisiones con serenidad y coherencia.
Con equipos facilito charlas y talleres enfocados en momentos clave: transiciones, redefinición de roles, necesidad de recuperar motivación o fortalecer la autenticidad en la forma de trabajar juntos.
No prometo soluciones mágicas.
Prometo algo más valioso: claridad.
Y cuando hay claridad, las decisiones dejan de sentirse como saltos al vacío y empiezan a convertirse en pasos firmes.
Estoy empezando esta etapa de forma independiente, sí. Pero no empiezo desde cero.
Empiezo con diez años de experiencia real liderando personas en contextos complejos y multiculturales. Empiezo con aprendizajes vividos, no teóricos.
Hoy acompaño a personas que sienten que algo no encaja en su vida profesional, aunque desde fuera todo parezca correcto.
Y acompaño a líderes que intuyen que su equipo podría estar funcionando mejor, pero necesitan una mirada externa que ayude a ordenar, nombrar y activar lo que ya está ahí.
Si estás en un momento de duda sobre tu siguiente paso profesional…
Si sientes que tu trabajo dejó de darte energía…
Si lideras un equipo y algo no está terminando de fluir…
Podemos hablar.
La primera conversación es gratuita. Es un espacio para entender dónde estás y qué necesitas ahora. Sin presión. Sin compromiso.
A veces una hora de claridad cambia meses de confusión.
Si quieres explorar opciones para ti o para tu equipo, agenda una llamada y vemos juntos cuál puede ser tu siguiente paso.
Porque cuando el terreno es fértil, la semilla sabe crecer.
Y tal vez este sea el momento de preparar ese terreno.
Mis Credenciales
Ingeniera Química · Magíster en Gerencia Estratégica (becada; Tesis Laureada en Liderazgo Femenino) · PMP® · Six Sigma Green Belt · Professional Scrum Product Owner · PNL Practitioner (IANL) · Formación en método de Maxwell Leadership · Maestra de Yoga Terapéutico · Autora de “Buscando los fragmentos de mi padre”